Divina Comedia
Divina Comedia El Sol, más resplandeciente y con pasos más lentos, atravesaba el cÃrculo del meridiano, que cambia de posición según de dónde se mira, cuando al extremo de una opaca umbrÃa, semejante a las que se ven bajo las verdes hojas y las negruzcas ramas por donde llevan los Alpes sus frÃos riachuelos, se detuvieron las siete mujeres, como se detiene la tropa que va en avanzada si encuentra alguna novedad en su camino. Ante ellas me pareció ver salir el Tigris y el Éufrates de un mismo manantial y luego separarse lentamente como si fuera contra su voluntad[257].
—¡Oh luz! ¡Oh gloria de la raza humana! ¿Qué agua es esa que mana de una misma fuente y, dividida, se aleja una de otra?
A tal pregunta se me contestó:
—Ruega a Matilde que te lo diga[258].
Y la hermosa Dama respondió como aquel que se disculpa:
—Ya le he dicho ésta y otras varias cosas y estoy segura de que las aguas del Leteo no se las ha dejado olvidar.
Beatriz añadió:
—Quizás un interés mayor, de esos que muchas veces quitan la memoria, ha oscurecido su mente con respecto a los demás objetos. Pero mira el Eunoé, que por allà se desliza: condúcelo hacia él y, según acostumbras, reanima su amortecida virtud.