Divina Comedia

Divina Comedia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Beatriz miraba fijamente las eternas esferas y yo fijé mis ojos en ella, desviándolos de allá arriba; contemplándola, me transformé interiormente, como Glauco al gustar la hierba que lo hizo compañero de los otros dioses del mar[5]. No es posible significar con palabras humanas el acto de pasar a un grado superior a la naturaleza que nos ha sido dada. Pero baste el citado ejemplo a quien la gracia divina reserve tal experiencia.

¡Oh Amor, que gobiernas el Cielo! Tú, que me elevaste con tu luz, sabes si yo no era entonces más que aquella parte de mí que primero creaste. Cuando la rotación de los cielos, que eternizas por el deseo que éstos tienen de poseerte, atrajo mi atención con su armonía, que regularizas y distribuyes, me pareció que entonces se encendía con la llama del Sol tanto espacio del Cielo, que ni las lluvias ni los ríos han ocasionado jamás tan extenso lago. La novedad de los sonidos y tan gran resplandor me abrasaron de tal modo en el deseo de conocer su causa, que jamás he sentido tan punzante aguijón. Así es que Beatriz, que veía en mi interior como yo mismo, abrió su boca para calmar mi excitado ánimo, antes que yo la abriera para preguntarle, y empezó a decir:



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker