Divina Comedia
Divina Comedia —Todas las cosas guardan un orden entre sÃ; y este orden es la forma que hace al Universo semejante a Dios. Aquà ven las altas criaturas superiores, los ángeles, el signo de la eterna sabidurÃa, que es el fin para el que se ha creado el orden antedicho. En esta armonÃa, todas las naturalezas propenden y, según su diversa esencia, a aproximarse más o menos a su principio. Asà es que se dirigen a diferentes puertos por el gran mar del ser, y cada una con el instinto que se le concedió para que la lleve al suyo. Este instinto es el que conduce al fuego hacia arriba, el que promueve los primeros movimientos del corazón de los mortales y el que concentra y hace compacta a la Tierra. Y este efecto se produce no sólo en las criaturas desprovistas de inteligencia, sino también en las que tienen inteligencia y voluntad[6]. La Providencia, que todo lo ordena, hace con su luz que permanezca inmóvil el cielo en el que gira aquel que tiene mayor velocidad; allà es donde ahora, como a sitio preordenado, nos lleva la inclinación que lo dirige todo hacia la felicidad. Bien es verdad que asà como la forma no guarda muchas veces armonÃa con las intenciones del artista, porque la materia es sorda para contestar, de la misma manera la criatura se desvÃa algunas veces de este impulso natural, porque tiene la libertad de inclinarse erróneamente, por más que esté naturalmente impulsada hacia el camino recto, y entonces cae, como puede verse caer el fuego desde la nube, si su primer impulso la tuerce hacia la Tierra por un falso placer. No debes, pues, a lo que pienso, admirarte más de tu ascensión que de ver un rÃo descender desde lo alto de una montaña hasta su base. Lo maravilloso en ti serÃa que, libre ya de todo obstáculo, te hubieras quedado abajo, como lo serÃa el que la viva llama permaneciese quieta y apegada a la Tierra.