Divina Comedia
Divina Comedia Aquel sol que primeramente abrasó de amor mi corazón me había descubierto, con sus pruebas y refutaciones, el dulce aspecto de una hermosa verdad; y yo, para confesarme desengañado y persuadido, levanté la cabeza tanto como era necesario para declararlo resueltamente. Pero apareció una visión, la cual, haciéndose perceptible, me atrajo de tal modo hacia sí, que ya no me acordé de lo que iba a decir. Así como a través de cristales tersos y transparentes o de aguas nítidas y tranquilas, aunque no tan profundas que oscurezcan el fondo, llegan a nuestra vista las imágenes debilitadas de la misma manera que nuestros ojos distinguirían sólo muy débilmente una perla blanca adornando una blanca frente, así vi yo muchos rostros prontos a hablarme. Por lo cual caí en el error contrario a aquel que inflamó de amor a un hombre y una fuente[16]. En cuanto los distinguí, creyendo que fuesen imágenes reflejadas en un espejo, volví los ojos para ver los cuerpos a que correspondían; y como nada vi, los dirigí de nuevo hacia delante, fijándolos en mi dulce Guía, que sonriendo despedía vívidos destellos de sus santos ojos.