Divina Comedia
Divina Comedia Un hombre libre de elegir entre dos manjares igualmente distantes de él y que exciten del mismo modo su apetito, moriría de hambre antes de llevarse a la boca uno de ellos. De igual suerte permanecería inmóvil un cordero entre dos hambrientos lobos, o un perro entre dos gamos. Por esta razón no me culpo ni me alabo de haber permanecido callado, teniéndome en suspenso igualmente dos dudas, pues mi silencio era necesario. Yo callaba; pero tenía pintado en mi rostro mi deseo y en él aparecía más clara mi pregunta que si la hubiera expresado por medio de palabras. Beatriz hizo lo que Daniel al librar a Nabucodonosor de aquella cólera que lo había hecho cruel injustamente[21], y me dijo: