Divina Comedia
Divina Comedia «Gloria a ti, santo Dios de los ejércitos, que esparces tu claridad sobre los felices fuegos, esto es, sobre las almas dichosas de este reino». Asà oà que cantaba, volviéndose hacia su esfera, aquella sustancia sobre la cual resplandece un doble fulgor[39]. Ella y las otras emprendieron su danza y cual centellas velocÃsimas se me ocultaron con su repentino alejamiento. Yo dudaba y decÃa entre mÃ: «Dile a mi Dama que calme mi sed con su dulce estilo». Pero aquel respeto que se apodera de mà tan sólo al oÃr el comienzo de su nombre, me hacÃa inclinar la cabeza como un hombre que dormita. Beatriz no consintió que yo estuviese asà mucho tiempo e, irradiando sobre mà una sonrisa que harÃa feliz a un hombre en el fuego, empezó a hablarme: