Divina Comedia

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—En aquella parte de la depravada tierra de Italia que está situada entre Rialto y las fuentes del Brenta y del Piave, se eleva una colina no muy alta, de donde descendió una llamarada que causó un gran desastre en toda la comarca. Ella y yo salimos de la misma raíz: Cunizza fui llamada, y aquí brillo porque me venció la luz de esta estrella; pero con alegría me perdono a mí misma mi inclinación amorosa en la vida, y no me pesa, lo cual parecerá difícil de comprender a vuestro vulgo. Esta alma próxima a mí, que es una espléndida y preciosa joya de nuestro Cielo, dejó en la Tierra una gran fama; y antes que su gloria se pierda, este centésimo año se quintuplicará. Ya ves si el hombre debe hacerse ilustre a fin de que su primera vida deje sobre la Tierra una segunda. Esto es lo que no piensa la turba presente que habita entre el Tagliamento y el Adigio, sin que le sirvan de escarmiento los males de que es víctima. Pero pronto sucederá que Padua y sus habitantes, por ser obstinados contra el deber, enrojecerán el agua de la laguna que baña Vicenza, y allí donde el Sile y el Cagnano se unen hay quien domina y va con la cabeza erguida, cuando ya se tejen las redes con que han de cogerlo. También llorará Feltre la felonía de su impío pastor, que será tal que ninguno por otra semejante ha sido encerrado en prisión. Será necesario un recipiente muy ancho para recibir la sangre ferraresa y cansado quedará el que quiera pesar onza a onza la que derramará tan cortés sacerdote por mostrarse hombre de partido, siendo por otra parte tales dones conformes a las costumbres de tal país. Allá arriba hay unos ángeles, que vosotros llamáis Tronos, de donde se reflejan hasta nosotros los juicios de Dios; así es que tenemos por buenas y verídicas nuestras palabras[60].


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