Divina Comedia
Divina Comedia Salpicados de grandes y pequeños luminares, lo mismo que la VÃa Láctea, cuya blancura extendida entre los polos del mundo hacen dudar a los más sabios sobre cuál sea su naturaleza, aquellos rayos formaban en el fondo de Marte el venerable signo que produce la intersección de los cuadrantes en un cÃrculo[108]. Aquà el ingenio es inferior a mi memoria; en aquella cruz resplandecÃa Cristo de suerte que no puedo encontrar una comparación digna; pero el que toma su cruz y sigue a Cristo me perdonará una vez más lo que omito cuando vea centellear en verdad a Cristo en aquel albor. De uno a otro extremo de los brazos de la cruz y de arriba a abajo se agitaban luces, que lanzaban vÃvidos destellos cada vez que se unÃan o se entrecruzaban, tal como se ven en la Tierra los átomos de polvo agitándose en lÃnea recta o curva en el rayo de luz que corta la sombra; y asà como el laúd o el arpa forman con sus numerosas cuerdas una dulce armonÃa, aun para el que no distingue cada nota, del mismo modo aquellas luces que allà se me aparecieron produjeron alrededor de la cruz una melodÃa que me arrebataba a pesar de no comprender el himno. Bien conocà que encerraba altas alabanzas porque llegaron hasta mà estas palabras: «Resucita y vence», pero como al que oye sin entender. Y aquella melodÃa me arrobaba tanto que hasta entonces no hubo cosa alguna que me ligara con tan dulces vÃnculos. Quizá parezcan demasiado atrevidas mis palabras creyendo que pospongo el placer de los bellos ojos de Beatriz, en cuya contemplación se calman todos mis deseos; pero quien sepa que las vivas marcas de toda belleza la imprimen mayor a medida que están más elevadas y considere que allà todavÃa no me habÃa vuelto a los ojos de mi Dama, podrá excusarme de lo que me acuso para excusarme y conocerá que digo la verdad. Pues el santo placer de aquella mirada no está excluido aquÃ, supuesto que se hace más puro a medida que nos elevamos[109].