Divina Comedia
Divina Comedia Así dijo aquella luz, por lo cual fijé en ella toda mi atención; después volví el rostro hacia mi Dama y por una y otra parte quedé asombrado, pues en sus ojos brillaba tal sonrisa que creí llegar con los míos al fondo de mi gracia y de mi pasión. Luego aquel espíritu, al que era tan grato ver y oír, añadió a sus primeras palabras cosas que no comprendí: tan profundos fueron sus conceptos. No porque fuese su propósito ocultármelos, sino por necesidad, a causa de ser éstos superiores a la inteligencia de los mortales. Cuando el arco de su ardiente afecto estuvo menos tirante para que sus palabras descendiesen hasta el límite concedido a nuestra inteligencia, la primera cosa que oí fue:
—Bendito seas Tú, trino y uno, que tan propicio eres a mi descendencia.
Y continuó diciendo: