Divina Comedia
Divina Comedia —Desde que os patentizó la Igualdad primera, el sentimiento y la inteligencia tienen un peso igual en cada uno de vosotros; porque en ese Sol, que os ilumina y abrasa con su luz y su calor, son tan iguales ambas virtudes que toda semejanza es poca. Pero el entendimiento y la voluntad de los mortales, por la razón que os es ya manifiesta, vuelan con diferentes alas. Así es que yo, que soy mortal, me veo en esta dificultad y únicamente puedo dar gracias con el corazón a tan paternal acogida[111]. Te suplico, pues, encarecidamente, ¡oh vivo topacio que enriqueces esta preciosa joya!, que me hagas saber tu nombre.
— ¡Oh vástago mío, en quien me complacía mientras te esperaba! Yo fui tu raíz.
De esta suerte dio principio a su respuesta. Después añadió: