Divina Comedia

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—Aquel de quien ha tomado su nombre tu prosapia y que por espacio de ciento y más años ha estado girando por el primer círculo del monte del Purgatorio, fue mi hijo y tu bisabuelo: bien necesita que con tus obras disminuyas su prolongada fatiga[112]. Florencia, dentro del antiguo recinto donde se oye aún sonar tercia y nona, estaba en paz, sobria y honrada[113]. No tenía gargantillas ni coronas ni cinturones más llamativos a la vista que la persona que los llevaba. Al nacer, no causaba miedo la hija al padre, porque la época del matrimonio y la dote no habían salido aún de los límites regulares. No estaban entonces las casas vacías de moradores; no habían llegado aún los hijos de Sardanápalo a enseñar lo que se puede hacer en una humilde casa. Monte Mario no era aún vencido por el Uccellatoio, el cual así como lo excede en la subida lo excederá en la bajada[114] he visto a Bellincion Berti con cinturón de cuero y hebilla de hueso, y a su mujer separarse del espejo sin colorete en el rostro; he visto a los de Nerli y a los del Vecchio contentarse con ir cubiertos de una simple piel y a sus mujeres dedicadas a la rueca y al huso[115]. ¡Oh afortunadas! Cada una de ellas conocía el lugar donde había de ser sepultada y ninguna se había visto abandonada en el lecho por causa de la Francia[116]. La una velaba su cuna y para consolar a su hijo usaba el idioma que constituye la primera alegría de los padres y de las madres; la otra, tirando de la blanca cabellera de su rueca, charlaba con su familia de los troyanos y de Fiésole y de Roma[117]. En aquellos tiempos se habría mirado como una maravilla a una Cianghella y a un Lapo Salterello, como hoy causarían asombro un Cincinato y una Cornelia[118]. En medio de tanta calma y de tan hermosa vida por parte de todos y entre tan fieles ciudadanos, me hizo nacer la Virgen María, invocada por mi madre en su parto, y en vuestro antiguo Baptisterio fui a un tiempo cristiano y Cacciaguida. Moronto y Eliseo fueron mis hermanos; mi esposa procedía del valle del Po, y de ella viene tu apellido. Después seguí al emperador Conrado, que me concedió el título de caballero: tanto fue lo que le agradé por mis buenas acciones. Tras él fui contra la maldad de aquella ley cuyo pueblo usurpa vuestro dominio, por culpa de vuestro Pastor. Allí aquella torpe raza me libró del mundo falaz, cuyo amor envilece tantas almas, y desde el martirio llegué a esta paz[119].


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