Divina Comedia
Divina Comedia —¡Oh mi querida raÃz, que te elevas tanto que, mirando al punto para Quien todos los tiempos son presentes, ves las cosas contingentes antes de que sean en sÃ, con la misma claridad con que ven las inteligencias terrestres que dos ángulos obtusos no pueden caber en un triángulo! Mientras, acompañado de Virgilio, subÃa yo por el monte donde se curan las almas y cuando bajaba por el mundo de los muertos, se me dijeron palabras graves acerca de mi vida futura[134]; y aunque me considere fuerte ante los golpes de la desgracia, quisiera saber cuál es la suerte que me está reservada, pues el dardo previsto hiere con menos fuerza.
Asà dije a la misma luz que me habÃa hablado antes, manifestando mi deseo como lo quiso Beatriz. Aquel amoroso progenitor mÃo, encerrado y patente al mismo tiempo en su esplendor risueño, me contestó no en los términos ambiguos con que eran engañados los necios gentiles antes de que fuese inmolado el Cordero de Dios que redimió los pecados, sino con palabras claras: