Divina Comedia
Divina Comedia —¡Oh perpetuas flores de la dicha eterna, que como un solo perfume me hacéis sentir vuestro aroma! Poned fin con vuestras palabras al gran ayuno que me ha tenido hambriento durante largo tiempo, por no encontrar en la Tierra alimento alguno. Bien sé que, si la Justicia divina se refleja en otras esferas como en un espejo, en la vuestra se refleja mucho más directamente. Sabéis cuán atento me preparo a escucharos y sabéis también cuál es aquella duda que para mà se convierte en tan antiguo ayuno.
Asà como el halcón al que quitan la caperuza mueve la cabeza y bate las alas en señal de contento, demostrando sus deseos e irguiéndose con gallardÃa, lo mismo vi hacer al águila, que estaba formada de alabanzas de la divina Gracia, las cuales cantaba como sabe cantar el que se deleita allá arriba. Después comenzó de esta suerte: