Divina Comedia
Divina Comedia Como el ave que, habiendo reposado entre la predilecta enramada junto al nido de sus dulces hijuelos, durante la noche, ocultadora de las cosas, y deseando ver tan caros objetos y hallar el sustento para nutrirlos, cuyo penoso trabajo soporta placentera, se adelanta al dÃa y antes de rayar el alba sube a la cima del abierto follaje y fijamente mira, esperando con ardoroso anhelo la salida del Sol, asà estaba mi Dama en pie y atenta, vuelto el rostro hacia la región del Cielo bajo la cual se muestra el Sol menos presuroso[175]; y en tanto, yo, viéndola suspensa y distraÃda, permanecà como el que anhelante querrÃa otra cosa pero se calma con la esperanza de obtenerla. Poco intervalo medió entre ambos momentos, es decir, entre el de mi expectativa y el de ver de un instante a otro iluminarse más el Cielo. Y Beatriz dijo:
—He aquà la legión del triunfo de Cristo y todo el fruto recogido de la rotación de estas esferas[176].