Divina Comedia
Divina Comedia Me pareció que ardÃa todo su semblante y tenÃa los ojos tan llenos de alegrÃa, que debo seguir adelante sin más explicación. Cual, en los plenilunios serenos, Trivia rÃe entre las ninfas eternas que iluminan el cielo por todas partes[177], asà vi yo sobre millares de luces un Sol que las encendÃa todas, como hace el nuestro con las que vemos sobre nuestras cabezas; y a través de su viva luz aparecÃa tan clara a mis ojos la divina sustancia, que no podÃan soportarla.
—¡Oh Beatriz —exclamé—, guÃa dulce y querida!
Ella me dijo:
—Lo que te abisma es una virtud a la que nadie resiste. Allà están la SabidurÃa y el Poder que abrieron entre el Cielo y la Tierra las vÃas por tanto tiempo deseadas[178].
Asà como el fuego de la nube, dilatándose de modo que ésta no puede contenerlo, se escapa de ella en forma de rayo y, contra su naturaleza, se precipita hacia abajo, de igual suerte mi mente, engrandeciéndose más entre aquellas delicias, salió de sà misma y no sabe recordar lo que fue de ella.
—Abre los ojos y mÃrame cual soy; has visto cosas que te han dado fuerza suficiente para sostener mi sonrisa.