Divina Comedia
Divina Comedia —Yo soy el amor angélico[180], que giro difundiendo la sublime dicha nacida del vientre que fue morada de nuestro deseo. Y giraré, Señora del Cielo, hasta que vuelvas al Empíreo y allí acompañes a tu Hijo y hagas más resplandeciente la suprema esfera en donde habitas.
Así se dejaba oír la circular melodía y todas las demás luces hacían resonar el nombre de María. El manto real de todas las esferas del mundo, que más se inflama y anima bajo el hálito y las perfecciones de Dios, tenía sobre nosotros tan distante la faz interna, que no me era posible distinguir su aspecto desde el sitio en que me encontraba; por lo cual no tuvieron mis ojos la fuerza necesaria para seguir a la llama coronada, que se elevó en pos de su divina primogenitura[181]. Y semejantes al niño que tiende los brazos hacia su madre después de haberse alimentado con su leche, movido del afecto que aun exteriormente se inflama, cada uno de aquellos fulgores se prolongó hacia arriba, patentizándome así el amor que profesaban a María. Después permanecieron a mi vista cantando «Regina Coeli» tan dulcemente que jamás ha huido de mí el placer que me causaron.