Divina Comedia

Divina Comedia

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—¡Oh compañía escogida para la gran cena del Cordero bendito, el cual os alimenta de tal modo, que vuestro apetito está siempre satisfecho! Ya que por la gracia de Dios este que viene conmigo prueba prematuramente lo que cae de vuestra mesa, antes de que la muerte ponga fin a sus días, pensad en su deseo inmenso y refrescadlo algún tanto: vosotros bebéis siempre en la fuente de donde procede lo que él piensa[183].

Esto dijo Beatriz; y aquellas almas gozosas se convirtieron en esferas sobre polos fijos, resplandeciendo vivamente a guisa de cometas. Y como las ruedas en el mecanismo de un reloj se mueven de tal suerte que a quien las observa le parece que la primera está quieta y la última vuela, así también aquellos glóbulos, danzando diferentemente, me hacían estimar su velocidad o lentitud por el grado de sus respectivos resplandores. De aquel conjunto de bellas luces vi salir un fulgor tan alegre y esplendente, que superaba a todos los demás. Tres veces giró en torno de Beatriz, cantando de un modo tan divino, que mi fantasía no ha podido retener su encanto: por lo cual mi pluma pasa adelante sin describirlo, pues para pintar tales bellezas carece de matices no ya la lengua, sino la misma imaginación.

—¡Oh mi santa hermana, que tan devotamente ruegas, movida por tu ardiente afecto, que me separas de aquella hermosa esfera!


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