Divina Comedia
Divina Comedia Asà terminó de hablar aquel fuego bendito. Y ella contestó:
—¡Oh luz eterna del Gran PaladÃn, a quien nuestro Señor dejó las llaves que llevó a la Tierra desde aquà arriba! Examina a éste como te plazca con respecto a los puntos fáciles y difÃciles de la Fe que te hizo andar sobre el mar. A ti no se te oculta si él ama bien, y espera bien y cree, porque tienes la vista fija donde todo está patente; pero ya que este recinto ha conseguido ciudadanos por medio de la Fe veraz, es bueno que para glorificarla le toque a él hablar de ella.
Asà como el bachiller se prepara, y no habla hasta que el maestro propone la cuestión que debe defender, pero no resolver, porque esto último corresponde al maestro, del mismo modo preparaba yo todas mis razones, mientras ella hablaba, para estar pronto a contestar a tal examinador y a tal profesión.
—Di, buen cristiano: ¿qué es la Fe?
Al oÃr esto alcé la frente hacia aquella luz de donde salÃan tales palabras; después me volvà hacia Beatriz, y ella me hizo un rápido ademán para que dejara brotar el agua de mi fuente interior.
—La Gracia divina que me permite confesarme con tal alto primipilo —exclamé yo—, haga claros y expresivos mis conceptos.
Después continué: