Divina Comedia
Divina Comedia —¡Oh santo padre! ¡Oh espÃritu, que ahora ves lo que antes creÃste con tal firmeza, que dirigiéndote hacia el sepulcro venciste a pies más jóvenes[187]! —empecé a decir—: Quieres que te manifieste el orden de las cosas en que creo y, además, me preguntas el motivo de mi creencia. Pues bien, yo te respondo: Creo en un solo y eterno Dios, que sin ser movido, mueve todo el Cielo con amor y con deseo; y en apoyo de tal creencia, no sólo tengo pruebas fÃsicas y metafÃsicas, sino que también me las suministra la verdad que de aquà llueve por medio de Moisés, por los profetas, por los Salmos, por el Evangelio y por lo que vosotros escribisteis después de haberos iluminado el ardiente EspÃritu. Creo en tres Personas eternas y las creo una sola Esencia tan trina y una, que admiten a la vez «son» y «es». La profunda naturaleza divina de que ahora trato se ha grabado en mi mente muchas veces por la doctrina evangélica. Tal es el principio, tal la chispa que se dilata hasta convertirse en viva llama, y que brilla en mi interior como estrella en el cielo.
Cual señor que oye lo que le agrada, y por ello abraza a su siervo, congratulándose por la noticia en cuanto éste se calla, de igual suerte me bendijo cantando y giró tres veces en derredor de mi frente aquel apostólico fulgor por cuyo mandato habÃa yo hablado. Tanto fue lo que mis palabras le agradaron.