Divina Comedia
Divina Comedia Mientras yo permanecÃa indeciso a causa de mi deslumbrada vista, salió de la fúlgida llama que me habÃa deslumbrado una voz que llamó mi atención diciendo:
—En tanto que recobras la vista que has perdido mirándome, bueno es que hablando conmigo compenses su pérdida. Empieza, pues, y dime a dónde se dirige tu alma, y persuádete de que tu vista sólo está ofuscada, pero no destruida; pues la Dama que te conduce por esta región luminosa tiene en su mirada la virtud que tuvo la mano de AnanÃas[197].
Yo dije:
—Venga tarde o temprano, según su voluntad, el remedio a mis ojos, que fueron las puertas por donde ella entró con el fuego en que me abraso. El Bien que esparce la alegrÃa en esta corte es el «alpha» y el «omega» de cuanto el amor escribe en mÃ, ya sea leve o fuertemente.
Aquella misma voz que habÃa desvanecido el miedo causado por mi súbito deslumbramiento, excitó nuevamente en mà el deseo de hablar, diciendo:
—Es preciso que te limpies en una criba más fina: es preciso que digas quién dirigió tu arco hacia tal alto blanco[198].