Divina Comedia

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—Sin que me lo hayas expresado, conozco tu deseo mejor que tú conoces aquello de lo que estás más cierto; porque lo veo en el veraz espejo cuyo reflejo son todas las demás cosas y que no es reflejo de ninguna[201]. Quieres oír cuánto tiempo hace que Dios me colocó en el Paraíso terrestre del que acabas de subir; por cuánto tiempo deleitó mis ojos; la verdadera causa de la gran ira y el idioma inventado por mí de que hice uso. Sabe, pues, hijo mío, que el haber probado la fruta del árbol no fue la causa de tan largo destierro, sino solamente el haber infringido la orden. En aquel lugar de donde tu Dama hizo salir en tu busca a Virgilio, estuve deseando esta compañía por espacio de cuatro mil trescientas dos revoluciones del Sol; y mientras permanecí en la Tierra, lo vi volver a todas las luces de su carrera novecientas treinta veces. La lengua que hablé se extinguió completamente antes que las gentes de Nemrod se dedicaran a la obra interminable[202]; porque ningún efecto racional fue jamás duradero, a causa de la voluntad humana, que se renueva según la posición y la influencia de los astros. Es cosa natural que el hombre hable; pero la Naturaleza deja a vuestra discreción que lo hagáis de este o del otro modo. Antes que yo descendiese a las angustias infernales se daba en la Tierra el nombre de «I» al Sumo Bien, de quien procede la alegría que me circunda; «Eli» se le llamó después y así debía ser[203], porque el uso de los mortales es como la hoja de una rama, que desaparece para ceder su puesto a otra nueva. En el monte que se eleva más sobre las ondas estuve yo, con vida pura y deshonesta, desde la primera hora hasta la que sigue después de la hora sexta, cuando el Sol pasa de uno a otro cuadrante.


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