Divina Comedia
Divina Comedia Como el follaje que doblega su copa al paso del viento y después se levanta por la propia virtud que lo endereza, tal hice yo, maravillado mientras ella hablaba, e irguiéndome después a impulsos del deseo de preguntar que me abrasaba, por lo que empecé de esta suerte:
—¡Oh fruto que fuiste producido ya maduro! ¡O padre antiguo, de quien toda esposa es hija y nuera[200]!. Tan devotamente como puedo te suplico que me hables; tú ves mis deseos, los cuales no te manifiesto por oír más pronto tus palabras.
Del mismo modo que un animal tapado por un paño se agita de manera que manifiesta por los movimientos de su envoltura aquello que desea, del mismo modo la primera alma me daba a conocer por la luz de que estaba revestida la alegría que le causaba complacerme. Después dijo: