Divina Comedia
Divina Comedia —En esta esfera empieza, como en su meta, el movimiento que naturalmente cesa en su centro mientras todo lo demás gira en torno suyo. Y este Cielo no tiene otro sitio donde adquirir movimiento más que en la Mente divina, en la cual se enciende el amor que lo impulsa y la influencia que vierte sobre las demás cosas. La luz y el amor lo circundan, asà como él circunda a los otros cielos inferiores; y ese cÃrculo de amor y de luz lo dirige y lo comprende tan sólo Aquel que rodea con él a este Cielo. Su movimiento no está determinado por ningún otro, pero los demás están medidos por éste, lo mismo que el diez por la mitad y el quinto. Ahora puedes comprender cómo el tiempo tiene sus raÃces en este arriate y en los otros tiene sus hojas[211]. ¡Oh concupiscencia, que de tal modo sumerges en ti a los mortales que a ninguno le es posible sacar los ojos fuera de tus ondas! Mucho florece la voluntad en los hombres; pero la demasiada lluvia convierte a las ciruelas en endrinas[212]. La fe y la inocencia sólo se encuentran en los niños y después ambas huyen antes de que el vello cubra sus mejillas. Hay quien ayuna cuando todavÃa no sabe hablar y, luego que tiene la lengua suelta, devora cualquier alimento en cualquier época; y también hay quien, balbuciente aún, ama y escucha a su madre, pero cuando llega a hablar claramente desea verla sepultada. No de otro modo la piel de la bella hija del que os trae la mañana y os deja la noche, siendo blanca al principio, se ennegrece después. Y a fin de que no te maravilles, sabe que en la Tierra no hay quien gobierne, por lo cual va tan descarriada la raza humana. Pero antes de que el mes de enero deje de pertenecer al invierno, a causa del centésimo de que allá abajo no hacen caso, estos cÃrculos superiores rugirán de tal suerte que la borrasca, por tanto tiempo esperada, volverá las popas donde ahora están las proas, haciendo que la flota navegue derechamente y que el verdadero fruto venga después de la flor[213].