Divina Comedia
Divina Comedia Por la intensidad del vivo rayo que soporté sin cegar, creo que me habrÃa perdido si hubiera separado de él mis ojos; y recuerdo que por eso fui tan osado para sostenerlo, porque unà mi mirada con el Poder infinito. ¡Oh gracia abundante, por la que tuve atrevimiento para mirar en la Luz eterna hasta tanto que consumà toda mi fuerza visiva! En su profundidad vi que se contiene ligado con vÃnculos de amor en un solo volumen todo cuanto hay esparcido por el Universo: sustancias, accidentes y sus cualidades, unido todo de tal manera que cuanto digo no es más que una pálida luz. Creo que vi la forma universal de este nudo porque, recordando estas cosas, me siento poseÃdo de mayor alegrÃa. Un solo punto que intente recordar me causa mayor olvido que el que han causado veinticinco siglos transcurridos desde la empresa que hizo a Neptuno admirarse de la sombra de Argos[240]. Asà es que mi mente en suspenso miraba fija, inmóvil y atenta, y continuaba mirando con ardor creciente. El efecto de esta luz es tal, que no es posible consentir jamás en separarse de ella para contemplar otra cosa; porque el bien, que es objeto de la voluntad, se encierra todo en ella, y fuera de ella es defectuoso lo que es perfecto. Desde este punto, a causa de lo poco que recuerdo, mis palabras serán más breves que las de un niño cuya lengua se baña todavÃa en la leche materna. No porque hubiese más de un simple aspecto en la viva luz que yo miraba, pues siempre es tal y nunca cambia, sino porque mi vista se perfeccionaba mientras la contemplaba y su apariencia única se me representaba en otra forma según iba alterándose mi aptitud visiva. En la profunda y clara sustancia de la alta luz se me aparecieron tres cÃrculos de tres colores y de una sola dimensión[241]; el uno parecÃa un fuego procedente de ambos por igual. ¡Ah! ¡Cuán escasa y débil es la lengua para expresar mi concepto! Y éste lo es tanto, comparado a lo que vi, que la palabra «poco» no basta para expresar su pequeñez.