Divina Comedia
Divina Comedia A la extremidad de un alto promontorio, formado por grandes piedras rotas y acumuladas en cÃrculo, llegamos hasta una multitud de espÃritus más cruelmente atormentados. AllÃ, para preservarnos de las horribles emanaciones y de la fetidez que despedÃa el profundo abismo, nos pusimos al abrigo de la losa de un gran sepulcro, donde vi una inscripción que decÃa: «Encierro al papa Anastasio, a quien Fotino arrastró lejos del camino recto[99]».
—Es preciso que descendamos por aquà lentamente, a fin de acostumbrar de antemano nuestros sentidos a este triste hedor, y después no tendremos necesidad de precavernos de él.
Asà habló mi Maestro, y yo le dije:
—Busca algún recurso para aprovechar el tiempo entre tanto.
A lo que me respondió: