Divina Comedia
Divina Comedia —Ya ves que en ello pienso. Hijo mÃo —continuó—, en medio de estas rocas hay tres cÃrculos, que se estrechan gradualmente como los que hemos dejado atrás; todos están llenos de espÃritus malditos; mas para que después te baste con sólo verlos, oye cómo y por qué están aquà encerrados. La injuria es el fin de toda maldad que se atrae el odio del Cielo, y se llega a este fin, que redunda en perjuicio de otros, bien por medio de la violencia, bien por medio del fraude, si se utiliza para ello la facultad propia del ser humano, que es la razón. El fraude es, pues, una maldad propia del hombre; por eso más desagradable a los ojos de Dios y por esta razón los fraudulentos están más abajo, entregados a un dolor más vivo. Todo el primer cÃrculo lo ocupan los violentos, lugar que está además construido y dividido en tres recintos. Porque puede cometerse violencia contra tres clases de seres: contra Dios, contra sà mismo y contra el prójimo. Y no sólo contra las personas, sino también contra sus bienes, como lo comprenderás por estas claras razones: Se comete violencia contra el prójimo dándole muerte o causándole heridas dolorosas; y contra sus bienes, por medio de la ruina, del incendio o de los latrocinios. De aquà resulta que los homicidas, los que causan heridas, los incendiarios y los ladrones están atormentados en el primer recinto. Un hombre puede haber dirigido su mano violenta contra sà mismo o contra sus bienes; justo es, pues, que purgue su culpa en el segundo recinto, sin esperar tampoco mejor suerte aquel que por su propia voluntad se priva de vuestro mundo, juega o disipa sus bienes; por eso sufre eternamente en lugar de ser feliz. Puede cometer violencia contra la divinidad quien niega a Dios en el fondo de su corazón, quien blasfema y quien desprecia su bondad negando las leyes de la naturaleza. He aquà por qué el recinto más estrecho atormenta con su fuego a Sodoma y a Cahors[100] y a todo el que, despreciando a Dios, le injuria sin hablar desde el fondo de su corazón. El hombre puede emplear el fraude, que produce remordimientos en todas las conciencias, tanto con el que de él se fÃa como con el que desconfÃa de él. Este último modo de usar el fraude parece que sólo quebranta los vÃnculos de amor que forma la Naturaleza; por esta causa están encadenados en el segundo recinto los hipócritas, los aduladores, los hechiceros, los falsarios, los ladrones, los simonÃacos, los rufianes, los barateros y todos los que se han manchado con semejantes e inmundos vicios. Por el primer tipo de fraude no sólo se olvida el, amor que establece la Naturaleza, sino también el sentimiento que le sigue, y de donde nace la confianza. He aquà por qué, en el cÃrculo menor, donde está el centro de la tierra y donde se halla el asiento de Dite, yace eternamente atormentado todo aquel que ha cometido traición.