Divina Comedia
Divina Comedia A tal discurso contesté:
—Maestro, tus razones son muy claras y bien me dan a conocer, por medio de tales divisiones, ese abismo y la muchedumbre que lo habita. Pero dime: los que están arrojados en aquella laguna cenagosa, los que agita el viento sin cesar, los que azota la lluvia y los que chocan entre sà lanzando tan estridentes gritos, ¿por qué no son castigados en la ciudad del fuego, si se han atraÃdo la cólera de Dios? Y si no se la han atraÃdo, ¿por qué se ven atormentados de tal suerte?
Me contestó:
—¿Por qué tu ingenio, contra su costumbre, delira tanto ahora? ¿O es que tienes el pensamiento en otra parte? ¿No te acuerdas de aquellas palabras de Aristóteles en la Ética, que has estudiado, en las que se trata de las tres inclinaciones que el Cielo reprueba: la incontinencia, la malicia y la loca bestialidad, y de qué modo la incontinencia ofende menos a Dios y produce menor censura? Si examinas bien esta sentencia, acordándote de los que sufren su castigo en los lugares que ya hemos recorrido, conocerás por qué están separados de estos otros felones y por qué los atormenta la justicia divina a pesar de demostrarse con ellos menos ofendida.