La Divina Comedia
La Divina Comedia Fui yo mismo quien a Ghisolabella
indujo a hacer el gusto del marqués,
como relaten la sucia noticia.
Y boloñés no lloró aquà tan sólo,
mas tan repleto está este sitio de ellos,
que ahora tantas lenguas no se escuchan
que digan "Sipa" entre Savena y Reno;
y si fe o testimonio de esto quieres,
trae a tu mente nuestro seno avaro.»
Hablando asà le golpeó un demonio
con su zurriago, y dijo: « Lárgate
rufián, que aquà no hay hembras que se vendan.»
Yo me reunà al momento con mi escolta;
luego, con pocos pasos, alcanzamos
un escollo saliente de la escarpa.
Con mucha ligereza lo subimos
y, vueltos a derecha por su dorso,
de aquel cÃrculo eterno nos marchamos.
Cuando estuvimos ya donde se ahueca
debajo, por dar paso a los penados,
el guÃa dijo: « Espera, y haz que pongan
la vista en ti esos otros malnacidos,
a los que aún no les viste el semblante,
porque en nuestro sentido caminaban.»
Desde el puente mirábamos el grupo
que al otro lado hacia nosotros iba,
y que de igual manera azota el látigo.