La Divina Comedia
La Divina Comedia tanto, que había apenas en las cunas
augur, y con Calcante dio la orden
de cortar en Aulide las amarras.
Se llamaba Euripilo, y así canta
algún pasaje de mi gran tragedia:
tú bien lo sabes pues la sabes toda.
Aquel otro en los flancos tan escaso,
Miguel Escoto fue, quien en verdad
de los mágicos fraudes supo el juego.
Mira a Guido Bonatti, mira a Asdente,
que haber tomado el cuero y el bramante
ahora querría, mas tarde se acuerda;
Y a las tristes que el huso abandonaron,
las agujas y ruecas, por ser magas
y hechiceras con hierbas y figuras.
Mas ahora ven, que llega ya al confín
de los dos hemisferios, y a las ondas
bajo Sevilla, Caín con las zarzas,
y la luna ayer noche estaba llena:
bien lo recordarás, que no fue estorbo
alguna vez en esa selva oscura.»
Así me hablaba, y mientras caminábamos.