La Divina Comedia
La Divina Comedia y si queréis seguir más adelante
podéis andar aquÃ, por esta escarpa:
hay otro escollo cerca, que es la ruta.
Ayer, cinco horas más que en esta hora,
mil y doscientos y sesenta y seis
años hizo, que aquà se hundió el camino.
Hacia allá mando a alguno de los mÃos
para ver si se escapa alguno de esos;
id con ellos, que no han de molestaros.
¡Adelante Aligacho, PatasfrÃas,
—él comenzó a decir— y tú, Malchucho;
y Barbatiesa guÃe la decena.
Vayan detrás Salido y Ponzoñoso,
jabalà Colmilludo, Arañaperros,
el Tartaja y el loco del Berrugas.
Mirad en torno de la pez hirviente;
éstos a salvo lleguen al escollo
que todo entero va sobre la fosa.»
«¡Ay maestro, qué es esto que estoy viendo!
—dije— vayamos solos sin escolta,
si sabes ir, pues no la necesito.
Si eres tan avisado como sueles,
¿no ves cómo sus dientes les rechinan,
y su entrecejo males amenaza?»
Y él me dijo: «No quiero que te asustes;
déjalos que rechinen a su gusto,
pues hacen eso por los condenados.»