La Divina Comedia
La Divina Comedia Yo comencé: «Oh hermanos, vuestros males »
No dije más, porque vi por el suelo
a uno crucificado con tres palos.
Al verme, por entero se agitaba,
soplándose en la barba con suspiros;
y el fraile Catalán que lo advirtió,
me dijo: «El condenado que tú miras,
dijo a los fariseos que era justo
ajusticiar a un hombre por el pueblo.
Desnudo está y clavado en el camino
como ves, y que sienta es necesario
el peso del que pasa por encima;
y en tal modo se encuentra aquí su suegro
en este foso, y los de aquel concilio
que a los judíos fue mala semilla.»
Vi que Virgilio entonces se asombraba
por quien se hallaba allí crucificado,
en el eterno exilio tan vilmente.
Después dirigió al fraile estas palabras:
«No os desagrade, si podéis, decirnos
si existe alguna trocha a la derecha,
por la cual ambos dos salir podamos,
sin obligar a los ángeles negros,
a que nos saquen de este triste foso.»
Repuso entonces: «Antes que lo esperes,
hay un peñasco, que de la gran roca
sale, y que cruza los terribles valles,