La Divina Comedia
La Divina Comedia luego me fue la bolsa manifiesta;
y yo vi dentro terrible maleza
de serpientes, de especies tan distintas,
que la sangre aún me hiela el recordarlo.
Más no se ufane Libia con su arena;
que si quelidras, yáculos y faras
produce, y cancros con anfisibenas,
ni tantas pestilencias, ni tan malas,
mostró jamás con la Etiopía entera,
ni con aquel que está sobre el mar Rojo.
Entre el montón tristísimo corrían
gentes desnudas y aterrorizadas,
sin refugio esperar o heliotropía:
esposados con sierpes a la espalda;
les hincaban la cola y la cabeza
en los riñones, encima montadas.
De pronto a uno que se hallaba cerca,
se lanzó una serpiente y le mordió
donde el cuello se anuda con los hombros.
Ni la O tan pronto, ni la I, se escribe,
cual se encendió y ardió, y todo en cenizas
se convirtió cayendo todo entero;
y luego estando así deshecho en tierra
amontonóse el polvo por si solo,
y en aquel mismo se tornó de súbito.
Así los grandes sabios aseguran
que muere el Fénix y después renace,