La Divina Comedia
La Divina Comedia si con el cuerpo grave no lo impide.
Hay que subir una escala aún más larga;
haber huido de éstos no es bastante:
si me entiendes, procura que te sirva.»
Alcé entonces, mostrándome provisto
de un ánimo mayor del que tenÃa,
« Vamos —dije—. Estoy fuerte y animoso.»
Por el derrumbe empezamos a andar,
que era escarpado y rocoso y estrecho,
y mucho más pendiente que el de antes.
Hablando andaba para hacerme el fuerte;
cuando una voz salió del otro foso,
que incomprensibles voces proferÃa.
No le entendÃ, por más que sobre el lomo
ya estuviese del arco que cruzaba:
mas el que hablaba parecÃa airado.
Miraba al fondo, mas mis ojos vivos,
por lo oscuro, hasta el fondo no llegaban,
por lo que yo: «Maestro alcanza el otro
recinto, y descendamos por el muro;
pues, como escucho a alguno que no entiendo,
miro asà al fondo y nada reconozco.
«Otra respuesta —dijo— no he de darte
más que hacerlo; pues que demanda justa
se ha de cumplir con obras, y callando.»
Desde lo alto del puente descendimos
donde se cruza con la octava orilla,