La Divina Comedia
La Divina Comedia sino que ladras? ¿quién te da tormento?»
«Ahora —le dije yo— no quiero oÃrte,
oh malvado traidor: que en tu deshonra,
he de llevar de ti veraces nuevas.»
«Vete —repuso— y di lo que te plazca,
pero no calles, si de aquà salieras,
de quien tuvo la lengua tan ligera.
Él llora aquà el dinero del francés:
"Yo vi —podrás decir— a aquel de Duera,
donde frescos están los pecadores."
Si fuera preguntado "¿y esos otros?",
tienes al lado a aquel de BeccarÃa,
del cual segó Florencia la garganta.
Gianni de Soldanier creo que está
allá con Ganelón y Teobaldelo,
que abrió Faenza mientras que dormÃa.»
Nos habÃamos de éstos alejado,
cuando vi a dos helados en un hoyo,
y una cabeza de otra era sombrero;
y como el pan con hambre se devora,
asà el de arriba le mordÃa al otro
donde se juntan nuca con cerebro.
No de otra forma Tideo roÃa
la sien a Menalipo por despecho,
que aquél el cráneo y las restantes cosas.
«Oh tú, que muestras por tan brutal signo
un odio tal por quien asà devoras,