La Divina Comedia

La Divina Comedia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CANTO XXXIII

De la feroz comida alzó la boca

el pecador, limpiándola en los pelos

de la cabeza que detrás roía.

Luego empezó: «Tú quieres que renueve

el amargo dolor que me atenaza

sólo al pensarlo, antes que de ello hable.

Mas si han de ser simiente mis palabras

que dé frutos de infamia a este traidor

que muerdo, al par verás que lloro y hablo.

Ignoro yo quién seas y en qué forma

has llegado hasta aquí, mas de Florencia

de verdad me pareces al oírte.

Debes saber que fui el conde Ugolino

y este ha sido Ruggieri, el arzobispo;

por qué soy tal vecino he de contarte.

Que a causa de sus malos pensamientos,

y fiándome de él fui puesto preso

y luego muerto, no hay que relatarlo;

mas lo que haber oído no pudiste,

quiero decir, lo cruel que fue mi muerte,

escucharás: sabrás si me ha ofendido.

Un pequeño agujero de «la Muda»

que por mí ya se llama «La del Hambre»,

y que conviene que a otros aún encierre,

enseñado me había por su hueco

muchas lunas, cuando un mal sueño tuve

que me rasgó los velos del futuro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker