La Divina Comedia
La Divina Comedia «Cógete bien, ya que por esta escala
—dijo el maestro exhausto y jadeante
es preciso escapar de tantos males.»
Luego salió por el hueco de un risco,
y junto a éste me dejó sentado;
y puso junto a mà su pie prudente.
Yo alcé los ojos, y pensé mirar
a Lucifer igual que lo dejamos,
y le vi con las piernas para arriba;
y si desconcertado me vi entonces,
el vulgo es quien lo piensa, pues no entiende
cuál es el trago que pasado habÃa.
«Ponte de pie —me dijo mi maestro—:
la ruta es larga y el camino es malo,
y el sol ya cae al medio de la tercia.»
No era el lugar donde nos encontrábamos
pasillo de palacio, mas caverna
que poca luz y mal suelo tenÃa.
«Antes que del abismo yo me aparte,
maestro —dije cuando estuve en pie—,
por sacarme de error háblame un poco:
¿Dónde está el hielo?, ¿y cómo éste se encuentra
tan boca abajo, y en tan poco tiempo,
de noche a dÃa el sol ha caminado?»
Y él me repuso: « Piensas todavÃa
que estás allà en el centro, en que agarré