La Divina Comedia
La Divina Comedia la luz del cielo entonces nos dio juicio
y, arrepentidos, perdonando, fuera
salimos de la vida en paz con Dios,
y el deseo de verle nos aflige.»
Y yo: «Por más que mire vuestros rostros
no os reconozco: mas si deseáis
algo que pueda hacer, buenos espíritus,
decidmelo y lo haré, por esa paz
que, detrás de los pasos de mi guía,
de mundo en mundo buscar se me hace.»
Y uno repuso: «Todos nos fiamos
de tus bondades sin que nos lo jures,
si es que tu voluntad no es impedida.
Por lo que yo que hablé antes que los otros,
te ruego, que si ves esa comarca
que está entre la Romaña y la de Carlos,
que de tus ruegos me hagas cortesía
en Fano, y que por mi bien se suplique,
y las graves ofensas purgar pueda.
Allí nací, mas los profundos huecos
por los que huyó la sangre en que vivía,
en tierras de Antenor me fueron hechos,
donde estar confiaba más seguro:
que lo mandó el de Este, pues me odiaba
más de lo que el derecho lo permite.
Pero si hacia la Mira hubiese huido,
cuando fui sorprendido en Oriaco,