La Divina Comedia
La Divina Comedia La sombra que acercado al juez se habÃa
cuando este la llamó, mientras la lucha
no dejó ni un momento de mirarme.
« Asà la luz que a lo alto te conduce
encuentre en tu servicio tanta cera,
cuanta hasta el sumo esmalte necesites,
—comenzó— si noticia verdadera
de Val de Magra o de parte vecina
conoces, dÃmela, que allà fui grande.
Me llamaba Corrado Malaspina;
no el antiguo, sino su descendiente;
a mis deudos amé, y he de purgarlo.
«Oh —yo le dije— por vuestras comarcas
no estuve nunca; pero no hay un sitio
en toda Europa que las desconozca.
La fama con que se honra vuestra casa,
celebra a los señores y a sus tierras,
tal que sin verlas todos las conocen.
Y yo os juro que, asà vuelva yo arriba,
vuestra estirpe honorable no desdora
el precio de la bolsa y de la espada.
Uso y natura asà la privilegian,
que aunque el malvado jefe tuerza el mundo,
derecha va y desprecia el mal camino.»
y él: «Marcha pues, que el sol no ha de ocupar
siete veces el lecho que el Carnero
cubre y abarca con sus cuatro patas,