La Divina Comedia
La Divina Comedia Del anciano Titón la concubina
emblanquecÃa en el balcón de oriente,
fuera ya de los brazos de su amigo;
en su frente las gemas relucÃan
puestas en forma del frÃo animal
que con la cola a la gente golpea;
la noche, de los pasos con que asciende,
dos llevaba en el sitio en donde estábamos,
y el tercero inclinaba ya las alas;
cuando yo, que de Adán algo conservo,
adormecido me tumbé en la hierba
donde los cinco estábamos sentados.
Cuando a sus tristes layes da comienzo
la golondrina al tiempo de alborada,
acaso recordando el primer llanto,
y nuestra mente, menos del pensar
presa, y más de la carne separada,
casi divina se hace a sus visiones,
creà ver, en un sueño, suspendida
un águila en el cielo, de áureas plumas,
con las alas abiertas y dispuesta
a descender, allà donde a los suyos
dejara abandonados Ganimedes,
arrebatado al sumo consistorio.
¡Acaso caza ésta por costumbre
aquà —pensé—, y acaso de otro sitio
desdeña arrebatar ninguna presa!
