La Divina Comedia

La Divina Comedia

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Luego me pareció que, tras dar vueltas,

terrible como el rayo descendía,

y que arriba hasta el fuego me llevaba.

Allí me pareció que ambos ardíamos;

y el incendio soñado me quemaba

tanto, que el sueño tuvo que romperse.

No de otro modo se inquietara Aquiles,

volviendo en torno los despiertos ojos

y no sabiendo dónde se encontraba,

cuando su madre de Quirón a Squira

en sus brazos dormido le condujo,

donde después los griegos lo sacaron;

cual yo me sorprendí, cuando del rostro

el sueño se me fue, y me puse pálido,

como hace el hombre al que el espanto hiela.

Sólo estaba a mi lado mi consuelo,

y el sol estaba ya dos horas alto,

y yo la cara al mar tenía vuelta.

«No tengas miedo —mi señor me dijo—;

cálmate, que a buen puerto hemos llegado;

no mengües, mas alarga tu entereza.

Acabas de llegar al Purgatorio:

ve la pendiente que en redor le cierra;

y ve la entrada en donde se interrumpe.

Antes, al alba que precede al día,

cuando tu alma durmiendo se encontraba,

sobre las flores que aquel sitio adornan,


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