La Divina Comedia
La Divina Comedia en el más tardo giro de los cielos.
Aquel que va delante tan despacio
de mí, en Toscana entera era famoso;
y de él en Siena apenas cuchichean,
en donde era señor cuando abatieron
la rabia florentina, que soberbia
fue en aquel tiempo tal como ahora es puta.
Color de hierba es vuestra nombradía,
que viene y va, y el mismo la marchita
que la hace brotar verde de la tierra.»
Y yo le dije: «Tu verdad me empuja
a la humildad, y abate mi soberbia;
pero quién es aquel de quien hablabas?»
«Es —respondió— Provenzano Salviati:
y está aquí porque tuvo pretensiones
de llevar Siena entera entre sus manos.
Anduvo así y aún anda, sin descanso,
desde su muerte: tal moneda paga
aquel que en vida a demasiado aspira.»
Y yo: «Si aquel espíritu que deja
arrepentirse al fin de su existencia,
queda abajo y no sube sin la ayuda
de una buena oración, antes que pase
un tiempo semejante al que ha vivido,
¿Cómo le consintieron que viniese?»
«Cuando vivía más glorioso —dijo—,
en la plaza de Siena libremente