La Divina Comedia
La Divina Comedia que cicatrizan al estar contrito.»
Cuando decir quería: «Me aplacaste»,
me vi llegado al círculo de arriba,
y me hizo callar la vista ansiosa.
Allí me pareció en una visión
estática de súbito estar puesto,
y ver muchas personas en un templo;
y una mujer decía en los umbrales,
con dulce gesto maternal: «Oh hijo,
¿por qué has obrado esto con nosotros?
Tu padre y yo angustiados estuvimos
buscándote.» Y como ella se callara,
se me borró lo que veía antes.
Después me vino otra, con el agua
que en sus mejillas el dolor destila,
que un gran despecho hacia otros nos provoca
diciendo: «Si eres sir de la ciudad,
por cuyo nombre dioses contendieron,
y donde toda ciencia resplandece,
véngate de esos brazos atrevidos
que a mi hija abrazaron, Pisistrato.»
Y el Señor, que benigno parecía,
le respondía con templado rostro:
«¿Qué haremos a quien males nos desea,
si a aquellos que nos aman condenarnos?»
Luego vi gente ardiendo en fuego de ira,
a pedradas matando a un jovencito,