La Divina Comedia
La Divina Comedia Mas de dónde nos vengan las primeras
nociones a la mente, lo ignorarnos,
y del primer apetecer las causas,
que en vosotros están, como en la abeja
el arte de hacer miel; y este deseo
no merece desprecio ni alabanza.
Mas porque a éste aún otros se añaden,
innata os es la virtud que aconseja,
y el umbral guarda del consentimiento.
Este es pues el principio del que parte
en vosotros el mérito, según
que buen o mal amor tome o desdeñe.
Los que al fondo llegaron razonando,
se dieron cuenta de esta libertad;
y al mundo le dejaron sus morales.
Aun suponiendo que obligadamente
surja el amor que dentro se os encienda,
la potestad tenéis de refrenarlo.
A esta noble virtud Beatriz la llama
libre albedrío, y procurar debieras
recordarlo por si ella te habla de esto.»
La luna, casi a media noche tarda,
más raras las estrellas nos hacía,
como un caldero ardiendo por completo;
corriendo por el cielo los caminos
que el sol inflama cuando los de Roma
lo ven caer entre Corsos y Sardos.