La Divina Comedia
La Divina Comedia Así que sonreí como al secreto;
y se calló la sombra, y me miró
los ojos que revelan más el alma;
y: «así tanto trabajo en bien acabe
—dijo— ¿por qué hace un rato tu semblante
me ha mostrado un relámpago de risa?»
Ahora estaba cogido por dos partes
una me hace callar, la otra me pide
que hable; y yo suspiro y me comprende
mi maestro, y «No tengas ningún miedo
de hablar —me dice—; háblale y revela
lo que con tanto afán ha preguntado»
Por lo que yo: «Quizás te maravilles
de por qué me reí, oh antiguo espíritu,
pero aún quedarás más admirado.
Este que arriba guía mi mirada,
es el mismo Virgilio, en quien las fuerzas
tomaste de cantar dioses y héroes.
Si de otra causa pareció mi risa,
olvídala por falsa, y sólo vino
de las palabras que le prodigaste.»
Para abrazar los pies ya se inclinaba
a mi doctor, más él le dijo: «Hermano,
no lo hagas, porque somos los dos sombras.»
Y él alzando: «Ahora puedes comprender
la cantidad de amor en que me enciendes,
cuando olvido que somos cosas vanas,