La Divina Comedia

La Divina Comedia

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Y ya llegado al último tormento

habíamos, y vuelto a la derecha,

y estábamos atentos a otras cosas.

Aquí dispara el muro llamaradas,

y por el borde sopla un viento a lo alto

que las rechaza y las aleja de él;

y por esto debíainos andar

por el lado de afuera de uno en uno;

y yo temía el fuego o la caída.

«Por este sitio —guía iba diciendo—

a los ojos un freno hay que ponerles,

pues errar se podría por muy poco.

Summae Deus Clamentiae en el seno

del gran ardor oí cantar entonces,

que no menos ardor dio de volverme;

y vi almas caminando por las llamas;

así que a ellas miraba y a mis pasos,

repartiendo la vista por momentos.

Una vez que aquel himno terminaron

gritaron alto: «Virum no cognosco»;

y el himno repetían en voz baja.

Y al terminar gritaban: «En el bosque

Diana se quedó y arrojó a Elice

porque probó de Venus el veneno.»

Luego a cantar volvían; y de esposas

y de maridos castos proclamaban,

cual la virtud y el matrimonio imponen.


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