La Divina Comedia
La Divina Comedia Y ya en el esplendor de la alborada,
que es tanto más preciado al peregrino,
cuando al regreso duerme menos lejos,
huían las tinieblas, y con ellas
mi sueño; por lo cual me levanté,
viendo ya a los maestros levantados.
«El dulce fruto que por tantas ramas
buscando va el afán de los mortales,
hoy logrará saciar toda tu hambre.»
Volviéndose hacia mí Virgilio, estas
palabras dijo; y nunca hubo regalo
que me diera un placer igual a éste.
Tantas ansias vinieron sobre el ansia
de estar arriba ya, que a cada paso
plumas para volar crecer sentía.
Cuando debajo toda la escalera
quedó, y llegarnos al peldaño sumo,
en mi clavó Virgilio su mirada,
«El fuego temporal, el fuego eterno
has visto hijo; y has llegado a un sitio
en que yo, por mí m. ismo, ya no entiendo.
Te he conducido con arte y destreza;
tu voluntad ahora es ya tu guía:
fuera estás de camino estrecho o pino.
Mira el sol que en tu frente resplandece;
las hierbas, los arbustos y las flores
que la tierra produce por sí sola.