La Divina Comedia
La Divina Comedia perdiste de tal forma la esperanza?
¿Y cuál ventaja o qué facilidades
en el semblante de los otros viste,
para que de ese modo los rondaras?»
Luego de suspirar amargamente,
apenas tuve voz que respondiera,
formada a duras penas por los labios.
Llorando dije: «Lo que yo veía
con su falso placer me extraviaba
tan pronto se escondió vuestro semblante.»
Y dijo: «Si callaras o negases
lo que confiesas, igual se sabría
tu culpa: ¡es tal el juez que la conoce!
Mas cuando sale de la propia boca
confesar el pecado, en nuestra corte
hace volver contra el filo la piedra.
Sin embargo, para que te avergüences
ahora de tu error, y ya otras veces
seas fuerte, escuchando a las sirenas,
deja ya la raíz del llanto y oye:
y escucharás cómo a un lugar contrario
debió llevarte mi enterrada carne.
Arte o natura nunca te mostraron
mayor placer, cuanto en los miembros donde
me encerraron, en tierra ahora esparcidos;
y si el placer supremo te faltaba
al estar muerta, ¿qué cosa mortal