La Divina Comedia
La Divina Comedia Mi vista estaba tan atenta y fija
por quitarme la sed de aquel decenio,
que mis demás sentidos se apagaron.
Y topaban en todas partes muros
para no distraerse —¡asà la santa
sonrisa con la antigua red prendÃa!—;
cuando a la fuerza me hicieron girar
aquellas diosas hacia el lado izquierdo,
pues las oà decir: «¡Miras muy fijo!»;
y la disposición que hay en los ojos
que el sol ha deslumbrado con sus rayos,
sin vista me dejó por algún tiempo.
Cuando pude volver a ver lo poco
(digo «lo poco» con respecto al mucho
de la luz cuya fuerza me cegara),
vi que se retiraba a la derecha
el glorioso ejército, llevando
el sol y las antorchas en el rostro.
Cual bajo los escudos por salvarse
con su estandarte el escuadrón se gira,
hasta poder del todo dar la vuelta;
esa milicia del celeste reino
que iba delante, desfiló del todo
antes que el carro torciera su lanza.
A las ruedas volvieron las mujeres,
y la bendita carga llevó el grifo
sin que moviese una pluma siquiera.
