La Divina Comedia
La Divina Comedia así me recobré, y vi sobre mí
aquella que, piadosa conductora
fue de mis pasos antes junto al río.
Y «¿dónde está Beatriz.?», dije con miedo.
Respondió: «Véla allí, bajo la fronda
nueva, sentada sobre las raíces.
Mira la compañía que la cerca;
detrás del grifo los demás se marchan
con más dulce canción y más profunda.»
Y si fueron más largas sus palabras,
no lo sé, porque estaba ante mis ojos
la que otra cualquier cosa me impedía.
Sola sobre la tierra se sentaba,
como dejada en guardia de aquel carro
que vi ligado a la biforme fiera.
En torno suyo un círculo formaban
las siete ninfas, con las siete antorchas
que de Austro y de Aquilón están seguras
«Silvano aquí tú serás poco tiempo;
habitarás conmigo para siempre
esa Roma donde Cristo es romano.
Por eso, en pro del mundo que mal vive,
pon la vista en el carro, y lo que veas
escríbelo cuando hayas retornado.»
Así Beatríz; y yo que a pie juntillas
me encontraba sumiso a sus mandatos,
mente y ojos donde ella quiso puse.