La Divina Comedia
La Divina Comedia La Voluntad absoluta no consiente
el daño; mas consiente cuando teme
que en más penas caerá si lo rehúsa.
AsÃ, cuando Piccarda dijo aquello
de la primera hablaba, y yo de la otra;
y las dos te dijimos la verdad.»
Fluyó asà el santo rÃo que salÃa
de la fuente en que toda verdad mana;
asà mis dos deseos se aplacaron.
«Oh amada del primer Amante, oh diosa,
cuyas palabras —dije asà me inundan,
y enardecen, que más y más me avivan,
no son mis facultades tan profundas
que a devolverte don por don bastasen;
mas responda por mà Quien ve y Quien puede.
Bien veo que jamás se satisface
sino con la verdad nuestro intelecto,
sin la cual no hay ninguna certidumbre.
Cual fiera en su cubil, reposa en ella
en cuanto que la alcanza; y puede hacerlo;
si no, frustra serÃa los deseos.
Por ello nacen dudas, cual retoños,
al pie de la verdad; y a lo más alto,
cima a cima, nos lleva de este modo.
Esto me invita y esto me da fuerzas
a preguntar, señora, reverente,
aún por otra verdad que me es oscura.